sábado, 2 de enero de 2010

El año nuevo

La madrugada comienza con un tímido viento frío en mis párpados. Tengo sueño, pero no logro cerrar mis ojos y quedarme dormido de una buena vez. Esta noche será difícil, como tantas que he tenido estas semanas. Es que cambiar de año siempre me trae jornadas nocturnas de pensar y pensar. Pienso en tantas cosas que en la mayoría de los casos, cuando hago un balance de las últimas tres horas, no llego a ninguna conclusión y es quizás por ello que aún sigo aquí, sin poderme dormir, escuchando una canción que me invita a dormir un poco más con alguien a quien no tengo cerca.

Pero bueno, la mala suerte en el amor no es el asunto esta vez. El asunto es que año tras año, esta temporada es más complicada de lo normal. Todos nos damos un feliz año y nos auguramos muchos éxitos en todo. Sin embargo, a veces siento que esto es una especie de presión constante a ser retado y retarse tanto unos a los otros, como uno mismo. El cuento es que acaso no terminamos el año lo suficientemente cansados para “imponernos” desde el primer día de enero a ser exitosos, a graduarse, a conseguir pareja a quien amar, o un trabajo por el cual darlo todo para sostenerse en el nuevo año?. Los años deberían tener un periodo donde las personas pudieran descansar de ese bombardeo de retos y metas a alcanzar. Es muy impresionante como la velocidad de nuestras vidas bordea los límites entre lo realmente humano y lo que definitivamente es de máquinas.

Ya he bostezado tres veces y creo es un indicio de que ya por lo menos me podré dormir después de ver varios minutos de la programación que vi esta tarde y que termina siendo repetida a esta hora de la madrugada por falta de contenido.

Definitivamente no me puedo imaginar mi vida sin escribir, así no lo haga bien, no importa, pero al menos organiza mi cabeza y de alguna manera logra fácilmente que mis párpados se cierren de una buena vez.

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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Bogotaniando

Tras haber caminado por las calles que siempre recorrí, me detuve a contemplar lo magnifica que eres Bogotá. Cada paso que doy me trae un recuerdo, una experiencia grata o de dolor que he vivido contigo. Es que eso es lo que me gusta de ti, que no eres totalmente complaciente con tus visitantes. Estás envuelta en un sinfín de emociones que parece más bien una ruleta rusa, en la que puedes ganarte el premio gordo o también puedes perderlo todo sin escrúpulo alguno.

Así se vive en esta gran ciudad, habitada por más de 6'700.000 habitantes, personas de todas partes de Colombia y gran parte del mundo. Una ciudad que se transforma constantemente, que reta a sus personas a vivir un ritmo que apenas está asimilando. Un reto que apunta a la evolución de convertirse en esa gran metrópoli que todos queremos para nuestro país.

Bogotá, una ciudad opaca, extraña en su forma, un frenesí de vicisitudes que se mezcla con los tantos acentos que se pueden escuchar mientras se viaja en un medio de transporte masivo como el Transmilenio. Territorio donde siempre hay cabida para un café, para admirar el arte callejero, para vibrar con lo veloz que puede ser la vida.

Así eres Bogotá, gris pero alegre, veloz pero sin dejar a un lado las cosas simples, retadora pero incluyente, soñadora pero realista, cortante pero a la vez ferviente y tal vez lo que más me inquieta, eres una ciudad enamorada pero realmente llena de soledad.

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domingo, 4 de octubre de 2009

Sin azar

Tantas parejas felices y mujeres locamente obsesivas con el matrimonio, - sin aún tener la víctima- me han incitado a pensar en lo que implica esa búsqueda de presa.

Me niego a creer en ese dicho popular que profesa que “el que busca, encuentra”. En el escenario amoroso, creo que es todo lo contrario. Entre usted menos busque más le van a llover, pero aclaro que como dicen los comerciales, aquí también “aplican condiciones y restricciones”. Me refiero a esto haciendo la salvedad de que cada caso será distinto y que este tipo de situaciones dependen mucho, de qué tan insoportable es usted para las otras personas.

Ya habiéndome curado en salud, y exponiendo mi tesis genérica sobre las búsquedas amorosas, quiero traer a colación una situación que me parece bien interesante de analizar: Motores de búsqueda de media naranja On line(desconozco el nombre de la categoría de este tipo de sitios en internet).

Alguna vez ingresé a una de estas páginas -seguramente muy desesperado- y únicamente me encontré con un montón de personas mucho más desesperadas que yo. En este punto creo que es importante aclarar que no tengo nada en contra de los motores de búsqueda de amor en internet. Todo lo contrario, creo que ayudan mucho, pero no en su objetivo de unir parejas, sino a la inversa, estas páginas ayudan a que uno tenga cada vez más certeza de que estar obsesionado en buscar esa media naranja tan anhelada, no genera sino frustraciones.

Creo que hay que dejarle esa responsabilidad al azar para no tener que pasar por la incomodidad de encontrar tanta gente decepcionante. La cuestión es ahorrarse momentos de tedio, porque me rehuso a pensar que algún cibersujeto que tenga en su perfil una foto de sus partes “nobles” y a su vez, la típica e insolente frase "busco gente bien”, pueda brindar algo más que malos momentos e infortunios.

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viernes, 2 de octubre de 2009

Pares

Entiendo que todo pasa por alguna razón y que tal vez el destino tire los dados y saque pares.
Ahora, habrá que entender éstos en nuestras vidas como lo son en el juego: una coincidencia que te permite avanzar más rápido y repetir?...

En múltiples ocasiones las coincidencias han hecho parte de mi vida y aunque siento que éstas en su momento fueron de gran ayuda para iniciar una relación, debo asumir también que todas han sido un fracaso. No pongo en duda que efectivamente en el momento en que al destino, le da por iniciar sus saques y de un momento a otro, ¡ZAZ!, un par, me ha hecho avanzar más rápido, pero al tiempo creo que acto seguido, este resultado no cumple bien su papel de darle la oportunidad al jugador de repetir.

Nunca repito, excepto una vez, en la que saqué el resultado más hetereo que podría haber sacado en cualquier momento de mi vida. Dos vidas opuestas se encontraron para marcar juntos un destino (suena bonito, no?), en el que los dados no hacían parte del juego, sino que por el contrario, el azar pasó a ser un elemento decorador, que solo era referenciado cuando algo estaba saliendo mal (la típica frase “es que tú no estabas en mis planes”).

Quisiera seguir pensando en que los pares dejan avanzar rápido y que a su vez dan la oportunidad de repetir, pero esta dinámica únicamente me ha traído problemas, porque repito con el que no debería hacerlo y avanzo rápido con el que le disgusta el compromiso.

Se necesita urgentemente un nuevo manual en el que se indique con propiedad qué tipo de números pares debe usar uno para el beneficio propio, dejando de pensar en el mutuo. Suena egoísta, es cierto, pero qué otra manera hay de pensar, si cuando piensas en un par para dos, nunca sale bien?

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lunes, 21 de septiembre de 2009

La boda

La mirada ácida que sus ojos proyectaban, no era más que la rabia que sentía por haber perdido a su prometido. Su sangre destilaba rencor. Quería terminar con su vida para de alguna manera, dejar de sentirse tan putrefacta por la furia que sentía al recodar como aquel hombre de rizos negros traspasaba los músculos del abdomen de su novio Abel. La sangre no dejaba de brotar y ella seguía arrodillada abrazando el cuerpo sin vida de su próximo marido.

Roja escarlata, desde el pelo hasta las sandalias intentó gritar de una vez por todas, en busca de auxilio. Alguien tenía que escucharla y de una vez por todas sacarla del shock por el que estaba pasando.

“Hijueputa, por qué a mi?” gritaba sin consuelo alguno. Unas horas mas atrás, Abel le había pedido por fin su mano. Después de 9 anos de novios, aquel hombre de aparente buen corazón y buenas prácticas, reunió inesperadamente el dinero para complacer a su desesperada novia que solo exigía contraer un matrimonio “a lo bien”.

Tantos requisitos y objeciones que Clara le hizo a Abel sobre la boda, empezaron a aturdirla al enlazarse con las únicas palabras que escuchó del hombre de rizos negros, “tomá malparido, pa` que no volvás a confundir lo que significa caridad”.

15 puñaladas fueron el producto de la desesperación y el afán de un matrimonio que nunca se celebró. Clara nunca se perdonó lo injusta que fue con Abel, porque se dio cuenta en seguida lo costosa que su boda fue.

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jueves, 3 de septiembre de 2009

Volver a escribir

Se me agotan los pensamientos y las palabras cada día se resecan en su forma. No las siento igual y a veces creo que mueren en el trayecto, entre mi mente y mis dedos que teclean sin sentido alguno. En ocasiones cuando escribo, mis pensamientos me reclaman coherencia con lo que ellos demandan, pero soy un tanto obstinado y hago a un lado la mayoría de reclamos, quizá para sentirme tranquilo en medio de mi prepotencia. La vida se va haciendo cargo de cobrarme cada palabra que escribo y es allí donde recuerdo constantemente que alguna vez mi mente me exigió sin éxito alguno, volver a escribir.

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martes, 11 de agosto de 2009

Cenizas

Una llamada perdida hubiera podido ser esa ceniza que queda alumbrando. De esas que renuncian a apagarse. Las mismas que simplemente todavía creen en el resplandor. No se trata de reprochar y lanzar juicios sin fundamentos, pero sí de entender que se necesita de voluntad para que aquello que sentimos se pueda proyectar en los otros.

Las cenizas se apagaron, fue su decisión, no la mía… algunos sentimientos fueron brotando del pecho. Se quedaron sin aire que respirar y fue así como las ganas de sentir se fueron muriendo, y las páginas que escribí sobre una mesa de su hogar, las fui volviendo ceniza, ceniza que nunca alumbrará…

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